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Editorial

Chile, pobreza, salud y decepción

Publicado el 20.07.2010

¿Hacía falta una encuesta para preocuparse tanto por la pobreza en Chile? Los pobres del mundo son las nuevas víctimas de la despiadada indiferencia con la que el mercado maneja las estructuras de la sociedad.

Hay que hacer una historia en la TV, generar un drama bien articulado en una película o hacer gárgaras con la pobreza en los debates presidenciales, para que miremos hacia el lado y reconozcamos que nuestros verdaderos problemas no concurren a nuestras vidas cuando cae el IPSA, cuando se acaba el crédito de una tarjeta o no podemos construir malles (o moles?) con el destajo y la voracidad que quisiéramos. Todos sabemos que algo muy esencial anda mal, pero ¿qué importa?. La rutina de una vida miope, la suavidad de los números, la entretenida vulgaridad de los medios, la incompetencia patética de los gobiernos y sus parlamentos, la popularidad del ravotril, los nuevos ricos y su insoportable discurso, los nuevos pobres y su clamor pisoteado por todas las cosas anteriores y tantas más. En Chile, hay que pedirle perdón a los pobres. Pero esa obviedad debe acompañarse de un esfuerzo serio por incorporarlos con hechos y sentimiento a un sistema en el que haya cambios radicales en la regulación de la distribución de la riqueza y la educación. Más acción y menos retórica barata. Hablar livianamente de puertas giratorias, estigmatizar las poblaciones más vulnerables, ponerle semáforos a las escuelas pobres de Chile, hacer comiditas de beneficio, es ahondar la vergüenza que sentimos por haber hecho tan poco en tanto tiempo.


Ricardo Gómez


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