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La especialidad obstétrica, la virtuosa y la macabra

El tiempo que viene será nuestro
Ricardo Gómez
Escrito por Ricardo Gómez

Elegir una especialidad médica en estos tiempos de incoherencia institucional puede convertirse en la mejor demostración de discriminación profesional en nuestro país. Después de pagar mensualidades vergonzosamente onerosas por 7 años, el profesional médico debe someterse a los arbitrarios trayectos de una regulación espasmódica, donde una fracción relevante de su suerte se decide mediante un examen de 3 horas de duración -el inefable eunacom- cuya existencia ha modificado sustancialmente los intereses de nuestros estudiantes durante el último tramo de la carrera (incluyendo programas de preparación para el examen), contemporizando el estudio y “la escuela de medicina”.

Luego de haber descarrilado, el eunacom se convirtió en una bandera de lucha de ASOFAMECH, introduciendo complejidades y gastos que perturban el sentido común, y que se ha convertido en una especie de PSU que juzga el trabajo  de 7 años de universidades chilenas acreditadas y sus estudiantes, reduciéndolo  a unas pocas horas de una prueba debatible, que hasta hace poco se daba el gusto de ser titular de periódicos, en la sección de morbo, para entretener la competencia peyorativa.

En paralelo, vemos con dolor que este trajín indisciplinado sirva de excusa para que algunos de nuestros colegas recurran a malas prácticas obstétricas y/o abandonen la educación continua.

Es cierto que el perfil de nuestros internos ha cambiado a raíz del país que les hemos construido. Pero también es cierto que el egresado sigue tambaleándose en la arbitrariedad sistematizada de los sistemas de selección y destinaciones del MINSAL y las mismas universidades que lo convirtieron en profesional “in a cage”. Ahora, la competencia consiste en acceder a una beca universitaria, para reducir el asalto deliberado al libre ejercicio del oficio, que en algunos casos puede durar otros 9 años -la beca y la destinación- en un cautiverio que obedece a promesas políticas que desnudan un sistema sanitario deteriorado por decisiones de mercado. La transacción ahora consiste en -o al menos se deja lucir así-  “te compro otros 6 años de tu vida y te doy 3 años de beca”.

Uno puede comprender el interés del Estado/MINSAL por distribuir equidad profesional, pero en la realidad no existe evidencia que ello haya ocurrido en beneficio de la población más pobre de este país.  Cambia condiciones a su antojo, volviendo a encerrar sus decisiones en un ámbito que transpira incompetencia técnica y soberbia política. Una mezcla tristemente célebre en la historia política de nuestro país. Decisiones tomadas por médicos cuya educación fue gratuita, sin EUNACOM, y un sistema de destinaciones que sin ser perfecto, parecía hacer su trabajo: distribuir con justicia médicos competentes en los hospitales de Chile. Los que obtenían mejor ranking a partir de su actividad de pregrado y/o un servicio de generalato y opcionales, optaban por becas que no ladraban condiciones. El punto es claro: ¿es tarea ética de los profesionales de la salud solventar un sistema de salud que ha sido fracturado por políticas sociales y de salud que se ha transformado en un buque desbocado?

En este deceso del sentido común, el egresado lucha por tomar decisiones que parezcan razonables, renunciando muchas veces a la especialidad soñada, y dando pie a la codicia individual que le miente al compañero de oficio, al sistema o -más tarde- a la paciente, con el objeto de obtener retornos económicos fáciles y expeditos.   Son conductas que no pueden sostenerse a sí mismas y que hunden su mano negra en los códigos más sagrados del indómito peregrinaje de la medicina, para preservarla y reconocerla.  No objetamos la justa retribución a la acción médica noble, profesional y trasparente. Nos duele el abuso.

En todos estos años, el compactamiento de los gestores de salud y su dinámica ha generado un cambio que nos han enseñado a caminar en la simpleza de las asignaturas, el arte que sigue derramando colores en nuestra actividad académica, científica y humana y, ciertamente, al pavor recurrente de la enfermedad, que nos arrebata a madres y niños que palidecen en la oscuridad frente a nuestros mejores esfuerzos, para cubrir nuestras manos ardiendo con sus dedos gélidos y una edad que puede contarse con la manos de ambas.

Objetamos el aparataje de instituciones y colegas cuyo objeto es la sobrevaloración, replicación e indicación discutible de varias prestaciones, esparciendo indiscriminadamente entre todos la imagen del médico pillo que -convertido en un objeto mercantilista- olvidó la excelencia, el profesionalismo y la compasión por sus pacientes y construyó calendarios, horarios , incisiones, rutinas, ausencias, llantos y premuras. Todos fuimos culpables. Pero todo involucramiento solidario tienen límites iniciales y exigencias finales.

Algunos de nuestros colegas, lo reconocemos, fueron quedándose en silencio y ahora nadie puede disputar el hecho de que:

  • mienten. Peligrosa maniobra ante pacientes cada vez más cultivadas su educación, el acceso a internet  y sitios prestigiosos dependientes de organismos que proporcionan información simple pero clara.
  • desprestigian a un gremio que mayoritariamente basa su ejercicio en las buenas prácticas, con la impronta de maestros nacionales e internacionales para quienes la obstetricia y la ginecología tenía al menos un carácter parecido al arte.
  • ignoran la información que actualmente rige el quehacer perinatal, creyendo que sus años de Beca o Conacem son fuente inagotable, suficiente y eterna de conocimientos con los que pueden decidir el destino de el cuerpo enfermo, los sueños y las esperanzas de nuestras pacientes embarazadas, especialmente las más pobres.

Sin perjuicio de este reconocimiento informal, es cierto que el Ministerio de Salud no ha estado ajeno a estos trayecto torcidos con el objeto de proporcionarle a Chile miles de médicos como mercancía política “en todos los rincones de la patria”… Este ejemplo de demagogia insustancial quebró compromisos adquiridos con médicos egresados y abusó de nuestros becarios a tal punto de agregar 9 años adicionales a los 7 que ya estudiaron en la Universidad. Esta maniobra macabra fomentó la precarización de nuestro oficio y convirtió a todos los médicos afectados en potenciales ciudadanos indignados.  Cuando ellos -en su justo derecho- fueron a buscar acuerdos que interrumpieran este despropósito del MINSAL, el gobierno y los medios los convirtieron en figuras demonizadas, víctimas del morbo periodístico, sin que nadie supiera que nuestros becarios sólo intentaban darle sentido común a un programa que pretendía modificar estos laberintos carentes de planes sanitarios, equipamiento apropiados en las destinaciones y modificaciones que respetaran el derecho de algunos a conservar su vida en pareja. Me pregunto qué otra profesión en Chile tiene un modelo siquiera parecido, en el que el gobierno intervenga y someta la profesión a una metralla de política depredadora. Sí, los tiempos están cambiando. Y cambian para todos.

Nuestros egresados merecen un trato respetuoso y protegido por un marco legal proporcional, claro y flexible. Ese es el camino que debe elegir la autoridad para que en el futuro tengamos un sistema de beca/destinaciones significativamente perfeccionado, una educación continua de calidad y los mecanismos que impidan las malas prácticas.

Ricardo Gómez

Acerca del Autor

Ricardo Gómez

Ricardo Gómez

Especialista de la Universidad Católica de Chile. Sub-especialista en Medicina Materno-Fetal, acreditado por CONACEM, con fellowships en el Perinatology Branch, National Institutes of Health de Estados Unidos, Wayne State University y Georgetown University. Médico de la Universidad de Concepción y egresado del Liceo 1 Enrique Molina Garmendia de Concepción.

Es jefe de Obstetricia en el Hospital Público La Florida y en Clínica Santa María y dirige el centro de investigaciones perinatales y e innovación docente (Cedip) para generar equidad en los países de nuestra región.

Es miembro de la Sociedad Chilena de Medicina Materno-Fetal y del grupo multinacional underground FreeTheWeb, para liberar el conocimiento en favor de una medicina sin fronteras.